
Cuando Néstor Carbonell era estudiante, un profesor solía dar este consejo a la hora de interpretar un personaje: “Busquen vivir con sinceridad bajo circunstancias imaginarias”. A esas palabras se remite al preguntarle qué lo motiva a seguir trabajando tras más de 35 años en la profesión. Lo cierto es que el actor nacido en Nueva York de padres cubanos no para de trabajar. Esta primavera lo hemos visto en Pulse (Netflix), en otoño regresa en la cuarta temporada del exitoso The Morning Show (Apple TV+) y en enero comparte cartelera con Matt Damon y Ben Affleck en la cinta The RIP (Netflix).
Antes fue el alcalde de Gotham en dos de los filmes de la saga Batman, estuvo en la mítica serie Lost y se ganó un Emmy el año pasado por su participación en Shogun (FX), por no mencionar la lista interminable de series en las que participado, desde el sitcom Suddenly Susan en los noventa a House, Bates Motel, Ray Donovan, Monk, Ally McBeal, The Good Wife… “En gran parte debo el estar ocupado al gran número de talentosos guionistas y directores con los que he tenido el placer de trabajar en múltiples ocasiones”, señala Carbonell, quien ha estado bajo las órdenes de reputados profesionales como Christopher Nolan, Carlton Cuse o Kerry Ehrin. “A la hora de elegir un papel, suelo buscar personajes con temores y malos comportamientos bien definidos que entran en conflicto con el tema que tratamos”.
Otra clave en su éxito está en casa. “He logrado estar tan ocupado gracias al inmenso apoyo de mi familia, particularmente de mi esposa, Shannon [Kenny], una talentosa actriz [australiana] que puso su carrera a un lado hace 20 años para dedicarse completamente a criar a nuestros hijos [Rafa, de 23 años, y Marco, de 20]”, apunta Carbonell, de 57 años, quien se mantiene en una excelente condición gracias a la meditación y, sobretodo, el ejercicio. También lo atribuye a sus padres, cubanos exiliados, que llegaron sin un centavo a Estados Unidos. “Escuchar todas sus historias de lucha y persistencia han moldeado mi experiencia como actor y, aún más importante, como ser humano”, resalta Carbonell, a quien su mamá enviaba latas de frijoles y arroz blanco para que cocinar congrí cuando se mudó a Los Ángeles. No era para menos, pues se había criado comiendo picadillo con plátanos fritos y no conocía comer el pavo de Día de Acción Gracias sin arroz, frijoles negros y yuca de acompañantes. “Aunque, de verdad, el mayor regalo que me pudieron dar mis padres es su extraordinario ejemplo”. – J.U.



